jueves, 8 de enero de 2015

EL LOCO DE LA ESCOBA

EL LOCO DE LA ESCOBA

Como todos los días de la semana el incansable barredor hacia su tarea con total esmero y satisfacción.
Quien podía imaginar que ese muchachito tan timido, amable y respetuoso iba a dedicarse por completo a la tarea del hogar y al cuidado de su abuelo invalido, que le había ocasionado la enfermedad de la diabetes que padecía.
Volviendo hacia atrás en el tiempo, su abuelo italiano estaba desocupado en los años 80 y parte de los años 90, en ese entonces hacia trabajos particulares de informes comerciales que no le demandaba mucho tiempo, en cambio su mayor responsabilidad era hacerse cargo de todas las tareas del hogar incluyendo la cocina, mientras su abuela iba a trabajar en la dependencia pública. El abuelo Casca, se encargaba de toda la tarea del hogar, desde la limpieza, lavado, la cocina y las compras. Lo único que no hacia era coser y planchar.
El loco de la escoba era el primer nieto y ahijado de los abuelos Casca, evidentemente fue muy bien incentivado para este trabajo, el muchachito cada vez que barría era como si estuviera pintando la tierra, como si estuviera lustrando cada partecita del piso.
Tomaba la escoba como si fuera una dama, una flor delicada, hasta se podía afirmar de que mientras barría, parecía como si estuviera escuchando música o le causaba un gran placer desplazarse con la escoba por cada rincón del patio de la casa de la vereda. Ese indescriptible gozo por la limpieza lo transportaba a otras dimensiones, a otras galaxias, a su feliz universo.
El muchachito casca era extraordinario manejando su inseparable escobillón, daba gusto verlo, transmitía un inexplicable sentimiento de ternura y admiración. Todos los que pasaban por la calle lo admiraban. Sus vecinos del frente de su casa y de ambos costados lo miraban y lo saludaban, algunas chusmas del barrio susurraban con cariño:  -¡ya comenzó a barrer el loco de la escoba!
El loco estaba encerrado en su mundo sin darle importancia a los comentarios o chimentos que circulaban por el barrio.
El loco casca solo escuchaba el sonido de su escoba, esa melodía en movimiento, donde se dejaba llevar por el ritmo y la armonía del tic tac de la escoba y de su corazón.


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